Los árboles, los olivos, y su papel en la absorción y fijación del CO2

Los árboles conectan el suelo con el cielo. La tierra con las nubes. Favorecen la lluvia. Y respiran el CO2 que nosotros desechamos. Gracias a su frondoso ramaje la temperatura ambiente es más constante y nuestro planeta, más habitable. Mantienen a raya la erosión y construyen un ambiente confortable para que los humanos vivamos. Son nuestro hogar, pues como decía Herman Hesse “cuando hayamos aprendido a escucharlos, nos sentiremos como en casa”.

Los árboles como aliento de vida

Todas las culturas de la Humanidad hacen referencia en algún sentido a los árboles. Han sido un templo para los hombres, lugar de reunión, discusión, rezo, fiesta, aprendizaje y punto de encuentro. Además de este rol primordial en nuestra vida tanto social como económica, religiosa o cultural, hoy en día representan también nuestra principal arma contra el cambio climático.

Según las conclusiones alcanzadas en París 2015 dentro de la Cumbre del Clima, las estrategias naturales serán las más eficaces en la lucha contra la reducción de emisiones de CO2 a la atmósfera. Así, y además de la replantación de zonas despobladas, se plantean acciones como la protección de zonas forestales o una gestión más eficiente de suelos y pastos.

Un 37% de los objetivos a alcanzar en 2030 deberían girar alrededor de planificaciones sobre el entorno natural. Hasta el punto de si se consiguiera reverdecer el planeta en esa proporción, probablemente los efectos podrían ser similares a los de acabar con todas las extracciones petrolíferas en curso.

Y es aquí donde debemos explicar el papel de los árboles y los olivos en la absorción y fijación del dióxido de carbono (CO2) para proteger el Planeta.

¿Qué son las emisiones de dióxido de carbono, o CO2?

El dióxido de carbono, o CO2, como comúnmente se le llama, es un gas denso, incoloro y no-tóxico que se encuentra en la troposfera, la capa de la atmósfera más cercana a la Tierra. Este gas se puede producir de forma natural, mediante incendios en los bosques o erupciones volcánicas, o debido a la acción de las personas sobre la Tierra, especialmente en la industria, generando más gas del que debería haber de forma natural en la troposfera, provocando los efectos negativos del cambio climático, especialmente el efecto invernadero.

Las emisiones de dióxido de carbono que generemos los humanos con nuestra actividad son las principales causantes del efecto invernadero. Por otra parte, los beneficios de los bosques sobre el cambio climático derivan de la peculiar manera en que los árboles respiran, pues inhalan dióxido de carbono a través de la fotosíntesis y una vez que lo respiran, no lo vuelven a dejar ir: el gas queda fijado en la raíces, tronco y hojas, convirtiéndose en nutrientes.

Una parte del CO2 que consumen lo destinan, por tanto, a alimentación mientras que el resto termina el proceso de la respiración del árbol transformándose en oxigeno que es liberado de vuelta a nuestra atmósfera.

Este volumen de CO2 retenido por las plantas representa una importante proporción. Tanto que, por ejemplo, un kilómetro cuadrado de bosque puede llegar a generar 1000 toneladas de oxígeno al año.

Pero si nos fijamos en entornos urbanos las cifras son aún más impactantes. Se estima que un árbol de 20 años de edad acabaría en solo un año con el CO2 emitido por un automóvil circulando durante 20.000 kilómetros.

Cuando un árbol muere, el carbono que ha captado durante su vida se libera otra vez a la atmósfera. Este dato subraya la importancia que adquiere cuidar especialmente de los ejemplares adultos de árboles. Más aún, cuando se calcula que pasa por lo menos una década hasta que un árbol joven es capaz de realizar una captación de CO2 relevante.

Dentro del bosque, las especies más eficientes desde el punto de vista ecológico, son el pino carrasco y el pino piñonero, que llegan a absorber al año entre 27.000 y casi 50.000 kilos de CO2.

En otros entornos, la acacia de tres espinas compensaría las emisiones de más de 1.500 coches, más o menos al mismo nivel que la jacaranda que puebla los jardines urbanos o que el olmo en entornos mediterráneos.

¿Cuántos árboles hay en España para fijar y absorber el CO2?

Según un estudio llevado a cabo por Manuel Enrique Figueroa, catedrático de Ecología en la Universidad de Sevilla, nuestro país cuenta con más de 20 millones de hectáreas de bosque, a través de cuya respiración conseguimos fijar casi 800 Billones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) lo que supone que los árboles respiran al año unos 48 millones de toneladas de este gas.

Así pues, a mayor densidad de masa forestal, mejores niveles de oxígeno en nuestra atmósfera, gracias tanto al CO2 fijado en la vegetación como al metabolizado en oxígeno a través del aliento de las plantas.

Qué otros factores ayudan a fijar y absorber en mayor cantidad el dióxido de carbono (CO2)?

Otros factores a tener en cuenta son, por ejemplo, la edad de los árboles. Los más jóvenes absorben mayor cantidad de dióxido de carbono y más rápidamente pues su crecimiento así lo demanda. Según el árbol va cumpliendo años, éste llega a una etapa de madurez en la que la proporción de carbono absorbida por fotosíntesis y por respiración o descomposición se estabiliza manteniéndose en niveles medios.

Sin embargo, los expertos en ecología nos advierten que no nos dejemos embaucar por parámetros tan seductores como la tipología de las plantas o su jovial vigor.

Según el escritor y guarda forestal alemán Peter Wohlleben: “nuestras plantas de cultivo han perdido la capacidad de comunicarse ya sea por encima o bajo tierra” por lo que el autor de ‘La vida secreta de los árboles’ (2015) anima a los agricultores a abrirle la puerta a lo silvestre en sus cultivos, en aras de recuperar el diálogo vegetal y así también contribuir a la mejora en la captación y fijación del dióxido de carbono CO2

El papel del olivar y los olivos en la absorción y fijación del dióxido de carbono (CO2)

Pero este carácter agreste es algo de lo que muchos de nuestros olivares pueden presumir. Según datos de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivo (Esyrce 2020) del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el olivo acapara, en nuestro territorio, 2.751.255 hectáreas de las cuales 209.288 hectáreas corresponden a cultivo ecológico.

El olivar ecológico, con su especial microclima, su frondosa cubierta vegetal, hospedadora de un denso subsuelo, y cobijo de multitud de insectos (incluyendo las abejas), pájaros y pequeños roedores, alberga una de las mejores batallas que se presentan desde nuestro país en la reducción de las emisiones de carbono absorbiendo y fijando el CO2.

Ecovalia elaboró el pasado año el informe ‘Producción Ecológica Mediterránea y Cambio Climático’ donde se asegura que el olivar ecológico reduce la huella de carbono en un 100% pues se configura como un bosque, de ecosistema arbóreo, conectado y vegetal, de condiciones muy similares a las del bosque mediterráneo con sus alcornoques, encinas o algarrobos.

Pero además nuestro olivar supone fortaleza y solidez frente a la reducción de carbono en la atmósfera, más allá de que se trate de cultivo ecológico, tradicional o intensivo. Según ha estimado la Universidad de Jaén y la Cátedra AOVES de Jaén, a través de su Informe Anual de Coyuntura del Sector Oleícola de Marzo de 2020, la masa de olivar española fija al cabo del año 30 millones de toneladas de dióxido de carbono, lo que supone una gran compensación a las emisiones de CO2.

Si observamos los valores de CO2 que captura un olivo de entre 24 y 50 años, en principio, no podrían competir con los manejados por el pino o el alcornoque. Un olivo de esta edad alcanza los 570 kg de CO2 fijado.

Sin embargo, ante los escenarios que se prevén por el cambio climático hay que tener en cuenta otras variables, como por ejemplo el que plantaciones de pinos en determinadas áreas no serían viables por su climatología o tradición vegetal o el hecho de que si solo recurrimos a nuevas plantaciones de vegetación vigorosa, éstas difícilmente saldrían adelante sin el cuidado de sus mayores.

Las redes que tejen los árboles para fijar el CO2

Conocer a los arboles, saber cómo son, cómo se expresan y cómo sienten es parte fundamental de las decisiones a afrontar en los próximos años.

Científicos como Suzzanne Simard, de la Universidad de British Columbia, nos advierten a través de sus conocimientos y experimentos del peligro de acudir a plantas no endémicas, no respetar la configuración de la masa vegetal o su peculiar identidad y carácter. Gracias a ellos sabemos que los árboles comparten información a través de sus raíces. Y no solo información si no también nutrientes, señales de peligro y advertencia e incluso datos sobre el entorno y sobre sí mismos. El bosque trabaja en cooperación y vive a través de una gran red neuronal parecida a nuestra internet que reside en el subsuelo y que se llama micorriza.

Incluso algunos investigadores como Frantisek Baluska, del Instituto de Botánica Celular y Molecular de la Universidad de Bonn, han encontrado similitudes entre las raíces de los árboles y el cerebro humano.

Los árboles nos ayudarán a combatir los efectos del calentamiento global, siempre y cuando incluyamos en la misión a todos ellos, incluso a las especies adaptadas a la horticultura, silvicultura o las agrícolas; los jóvenes y los viejos; los más voraces y los más estables. Ellos son simplemente nuestro hogar. Solo hay que saber escucharles.

¿Quieres participar en el cuidado de olivos centenarios y así ayudar a seguir absorbiendo y fijando el dióxido de carbono CO2?

Pues estás de suerte. Apadrinaunolivo.org es una asociación que ya lleva recuperados 10.000 de los 100.000 olivos centenarios que quedaron abandonados en el pueblo de Oliete (Teruel), gracias al emprendimiento social y medio ambiental.

Nuestras madrinas y padrinos contribuyen mediante su apadrinamiento anual a que sigamos recuperando olivos, y así proteger nuestros bosques y seguir absorbiendo y fijando todo el CO2 de la atmosfera.

Si quieres saber más del proyecto y animarte a apadrinar tu olivo, no dudes en consultar toda la información.

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