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Nuevos olivos viajan de Oliete a Bueña

Un día, en los años 80, Cesáreo Gimeno se agachó para coger una botella del suelo. Acababa de jubilarse y estaba harto de ver todo tirado en cualquier parte por su pueblo (Bueña, Teruel). Se dijo que le daría una segunda vida. Así fue como, con botellas, empezó a crear mosaicos en el suelo de una antigua era en la que se dejó de trillar.

Beatriz Martín es vicepresidenta de la asociación local A-bueñiza-Te y además es sobrina del Tío Cesáreo (al que todos llamaban tío independientemente del parentesco). Lo recuerda como un hombre inquieto y con “una cabeza impresionante”.

Cuando se jubiló, Cesáreo siguió siendo tan inquieto como siempre. “Decía que tenía que hacer algo y que no podía ser que estuviera todo tirado por ahí y que no se reutilizaran las cosas y decía que a todo tenía que darle una segunda utilidad”, recuerda Beatriz. Así fue como empezó a recoger botellas con las que hizo mosaicos en el suelo y una cosa fue llevando a la otra. También llevó a la era animales que cuidaba. Algunos de ellos, los había encontrado abandonados por el pueblo.

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En los años posteriores, el antiguo herrero del pueblo (también fue alguacil y cartero) tuvo allí su huerta y buscó un modo original de reutilizar los objetos que encontraba entre patos y animales que encontraba abandonados o malheridos como una tortuga y un jabalí que vivía como un perro. Cesáreo tenía ya más de 70 años cuando empezó a convertir la era abandonada en un lugar repleto de vegetación, esculturas e inventos para el disfrute de sus vecinas y vecinos.

Entre sus creaciones encontramos desde un invernadero hecho con las piezas de un 600 hasta un columpio que activaba una campana, anunciando a todos que allí había niños jugando. Su sueño era que aquel lugar quedara como un espacio de recreo para los niños y durante cada día, hasta que murió a los 95 años, trabajó para darle forma.

¿Por qué te contamos esta historia?

Porque ahora nuestros caminos se cruzan y nuestros olivos también están allí. Estuvimos recientemente en la Era del Tío Cesáreo y plantamos tres olivos como símbolo de nuestro reciente hermanamiento con A-bueñiza-Te, la asociación que mantiene la Era del Tío Cesáreo gracias a la cesión de sus descendientes.

“Hace unos años conocimos Apadrinaunolivo.org en una charla. Nos contó que eran olivos que sus propietarios no podían cuidar y los cedían a cambio del mantenimiento. Le dimos vueltas en la asociación, porque nos hemos dedicado a hacer actividades para que la gente siga teniendo contacto con el pueblo, pero llevábamos ya unos años buscando cómo potenciar todo lo que es el patrimonio y el arraigo de la gente con el pueblo”, recuerda Beatriz Martín.

Nuestro hermanamiento se produce a raíz de que tanto A-bueñiza-Te como Apadrinaunolivo.org podemos llevar a cabo proyectos de conservación de patrimonio en nuestros pueblos gracias a una cesión por parte de los propietarios. “Después de saber que Apadrinaunolivo.org contaba con cesiones de olivos, se planteó hacerlo así”, dice Beatriz Martín.

Para ella, este hermanamiento supone el comienzo de una unión que puede ir mucho más allá.
“Ojalá este sea el inicio de otros muchos proyectos, porque la gente del pueblo está muy ilusionada. El día que vino Alberto trajo tres olivos, que esperamos que aguanten porque nuestra zona no es muy de olivo, pero los cuidaremos para que vivan lo máximo posible. Vinieron personas de todas las edades, incluso la familia del tío Cesáreo, y mucha gente tanto del pueblo como de la comarca y de la provincia. Fue especial ver la era con tanta gente, como le gustaba al Tío Cesáreo”, añade Beatriz.

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