Chocolates Isabel: un chocolate trabajado con criterios éticos y hecho por mujeres

 

Hoy entrevistamos a Isabel, fundadora de Chocolates Isabel, un obrador de Alcorisa, un pueblo vecino a Oliete, con una historia muy especial.

Además, a partir de esta semana podréis encontrar el chocolate en nuestra sección de ‘Cómete el pueblo’ en la web de MiOlivo. 

¡Os dejamos la entrevista!

 

¿Cómo surge Chocolates Isabel?

Yo soy pastelera de profesión, pero siempre me había preocupado mucho lo que había detrás: cómo se conseguían las materias primas, los productores, agricultores, agricultoras, sus condiciones… Y un día decidí aparcar la pastelería y dedicarme a hacer solo chocolate de esta forma. Un chocolate trabajado con criterios éticos, de comercio justo, también ecológico.. y siempre buscando hacer un producto lo mejor posible. Entendiendo la calidad como algo que no solo es a nivel organoléptico, a nivel de sabor, a nivel de estética, sino que un producto de calidad detrás no puede tener un niño o una niña esclavo… en el caso del cacao, por ejemplo. 

En 2014 empezamos a trabajar plenamente en el chocolate siempre con agricultura ecológica y comercio justo. Desde que nos certificaron hasta ahora, empecé yo sola y ahora somos unas 12 personas, todas mujeres,que por temas de conciliación, pues no todas trabajamos jornada completa.

Estamos haciendo chocolate de todas las formas posibles: desde tabletas hasta turrones… vamos a empezar a hacer bombones, que son los primeros bombones ecológicos que se hacen en España y la idea es elaborar todo tipo de chocolates trabajando desde la semilla de cacao que también es algo que no se suele hacer. Nosotras compramos la semilla y realizamos todo el proceso, y eso es lo que hacemos en un pueblecito de Teruel, intentando también generar un poquito de riqueza, a nuestro nivel, utilizando materia prima de la zona. No solamente en AOVE, que es vuestro caso, utilizando también frutos secos, plantas aromáticas, y otras materias primas de la zona que a priori parece que no combinan mucho con el chocolate, pero que las hacemos combinar, como el azafrán, la trufa de Teruel… ahora también vamos a empezar a hacer cosas con cebolla de Fuentes. En definitiva, intentando poner en valor las materias primas de aquí.

 

¿Por qué decidiste quedarte en Alcorisa?

 

Yo realmente nunca me he ido. Empecé muy joven con el negocio y he tenido temporadas que con el tema de querer aprender a hacer chocolate mejor, sí que me he ido fuera, pero siempre he estado muy vinculada a mi pueblo. Mi familia está toda aquí y nunca pensé en irme, sino de forma temporal, siempre con la idea de que me iba y volvería. Después ya fui madre, en el 2011, y entonces sí que eso ya fue el revulsivo para quedarme definitivamente. Creo que es el mejor sitio para crecer: un pueblo.

 

¿Cuál ha sido el mayor reto al que te has enfrentado? ¿Y de qué manera te afecta estar situada en una zona rural?

 

Retos y dificultades hay muchos en este sector. Primero porque no hay gente que haga chocolate de esta manera y tienes que estar siempre investigando, aprendiendo, intentando avanzar… Nos cuesta mucho encontrar proveedores con doble certificación de todo. Y en una zona rural es complicado el tema de las personas que trabajan contigo porque nos cuesta mucho encontrar a gente formada para trabajar chocolate. Les formamos en el obrador. 

Pero a parte de eso, no creo que haya tantos inconvenientes. Siempre lo digo, y defiendo el vivir en un pueblo porque creo que hay muchas más ventajas. Para mí, ir a trabajar caminando es un lujo, el poder vivir de una forma tranquila, sosegada, y no tener que ir todo el día corriendo. Y luego en el caso de que tengas hijos, puedes pasar más tiempo con ellos, conciliar, me parece… no sé, un lujazo total, comparado con la gente que vive en la ciudad y que no se lo puede permitir.

Creo, sobre todo, que hay muy mala imagen de vivir en un pueblo: no acabamos de ser conscientes un poco por el lastre que supone la imagen de ser de pueblo. Parece que el hecho de que vivas en un pueblo es que tienes menos suerte en la vida y para mí, ventajas son todas. Y más ahora con Internet, que no es como hace 50 años. Ahora no hay gran diferencia en cuanto a servicios y comodidades, pero sí en cuanto a calidad de vida. 

 

¿Un hito de vuestro proyecto?

 

El hecho de hacer chocolate de esta manera. Hacerlo en un pueblo y hacerlo mujeres.

Me parece muy importante también porque, al final, hay muy pocas mujeres en esta profesión, que al final lo que hacen son labores de limpieza, secundarias. Y me parece importante decir que somos mujeres que llevamos un negocio que va bien y que los chocolates están ricos, y que podemos hacerlo igual. Y más en un sector como es el de la alimentación en el que, aunque las mujeres estén muy presentes, porque son las que están detrás, son muy poco visibles. La imagen que tenemos de los pasteleros, campesinos o cocineros… Siempre son hombres. 

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