¿Qué futuro queremos en la era post coronavirus?

No podemos ser más letales que el propio virus que en estos tiempos nos atormenta. Llevamos ya más de 50 días confinados en casa a causa de la terrible pandemia provocada por el covid19. Este encierro obligado que evita la propagación del virus y frena el contagio, también nos está sirviendo para reflexionar sobre muchas otras cosas que queremos compartir con vosotros hoy aquí. 

Hemos interrumpido súbitamente la inercia y la costumbre de la rutina y, de repente, nos hemos encontrado con una nueva realidad.  Sin darnos casi cuenta, nuestros cerebros se han puesto a procesar, a repensar nuestro futuro, el futuro que queremos en esta nueva era que justo acabamos de inaugurar.

Nos hemos enfrentado de golpe a un encierro absoluto para contener a un virus invisible, altamente letal, del que apenas sabemos nada. Estamos sufriendo, como otros países en el mundo, una gran pérdida de seres humanos y viendo cómo nuestros sanitarios luchan ferozmente casi sin medios para salvar vidas y doblegar la pandemia.

Numerosas iniciativas surgen de forma espontánea. Resalta la solidaridad, la unión, la ayuda y colaboración entre nosotros para salir de esta crisis sanitaria. Pero, como siempre, nada es perfecto, y hay excepciones. También vemos comportamientos reprobables de nosotros mismos, los humanos, que generan desunión, enfrentamiento y malestar, o simplemente personas que aprovechan para sacar tajada, a pesar de estar en una de las peores situaciones de los últimos años. Conductas que merecen una contundente desaprobación de la sociedad, personas que, a pesar de la excepción, muestran sus terribles miserias. Sin duda, otro aspecto más para seguir reflexionando.

El resto del común de los mortales, además de aplaudir a las ocho, cocinar como nunca antes, vaciar los supermercados, aprender a hacer videoconferencias, a teletrabajar, aburrirnos, quejarnos y engordarnos, hemos tenido tiempo también para reflexionar. Reflexionar sobre los motivos que nos han llevado hasta aquí y darnos cuenta del impacto tan desastroso que el ser humano está provocando en el planeta.

Estamos asfixiando la Tierra. El asfalto y los nitratos aniquilan nuestro suelo. Estamos contaminando nuestro aire, las aguas de nuestros ríos, los mares y océanos. El plástico ya es la peor plaga de la Tierra y, lo peor de todo, es que no aprendemos y volvemos a caer sobre nuestros propios errores. Si no, ¿cómo es posible que ya estemos llenando nuestros mares y nuestros ríos de guantes y mascarillas

 

Nuestra huella

La humanidad consume 1,75 planetas al año, según el Global Footprint Network @EndOvershoot Clic para tuitear

Nuestro planeta hace tiempo que viene manifestando de forma recurrente síntomas de su fuerte catarro provocado por la degradación continua al que lo sometemos y, a pesar de que somos conscientes de su estado y los efectos que esto nos puede ocasionar, poco hacemos para recuperarlo y cuidarlo. Nos estamos jugando nuestra propia supervivencia.

Los gobiernos, empresas y otras organizaciones, vamos de cumbre en cumbre intentando evangelizar a la sociedad sobre sostenibilidad, biodiversidad, cambio climático, transición ecológica… Pero, lamentablemente, las emisiones y el deterioro del planeta aumentan año tras año. Ahora, de repente, sin darnos cuenta, nos llega una visita sin invitación, el maldito coronavirus y, asociado a él, una pandemia global de la que aún no vemos el fin.

Ya podemos afirmar que el virus marcará una nueva era en la historia de la humanidad. Hemos entrado de golpe y sin opción a la auténtica revolución digital, donde la tecnología y la digitalización, las telecomunicaciones y la economía verde, cambiarán la mayoría o todos nuestros comportamientos y procesos. ¡No hay vuelta atrás!

A los pocos días del encierro de la mayoría de la población mundial, la naturaleza volvió a dar signos vitales, resurgiendo y regenerándose de nuevo del estado agónico al que la tenemos sometida. En pocos días, se han limpiado nuestros cielos, hemos podido escuchar a la naturaleza al reducir nuestra contaminación acústica, los animales han podido disfrutar del entorno que también les pertenece, y los humanos estamos pudiendo disfrutar del espacio que nos han quitado nuestros coches, y lo mejor es que nos gusta y nos sentimos mejor.

Esto nos lleva a repensar si es necesario tener que soportar atascos cada día, el presencialismo en el trabajo, el sinsentido de desplazarse a una oficina en la era digital, el llenar nuestros cielos de miles de aviones, de malos humos, infectar el mar y los ríos de plástico, y un sinfín de despropósitos que la sociedad del consumo maximizado nos ha impuesto.

La oportunidad para cambiar nuestro mundo

Y la preguntas que muchos nos hacemos, ¿aprenderemos algo de esta crisis?, ¿cambiaremos algo?, ¿lograremos que el futuro sea verde?, ¿somos consciente de que si no es verde no habrá futuro?

Nos preguntamos si de nuevo vamos a soportar respirar un aire contaminado, repleto de partículas tóxicas, o por el contrario vamos a incorporar activamente políticas para ser sostenibles. Pequeños grandes gestos como el teletrabajo en procesos no presencialistas, realizar compras de proximidad, intentar moverse a pie o en bici en trayectos de menos de 6 kilómetros, reducir la velocidad en las ciudades, ampliar el espacio para los peatones ampliando las aceras, incorporar más zonas verdes, más arbolado… En definitiva, humanizar nuestro entorno, pero humanizarlo sin destruirlo. Humanizarlo respetando el equilibrio natural.

Debemos exigir un negocio responsable en lo privado y en lo público, el desarrollo de la agenda 2030 y el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible. El desarrollo económico no es incompatible con la protección del planeta. Para ello necesitamos aplicar tecnología y ahondar en procesos sostenibles.

No dejo de pensar en que no podemos perder esta oportunidad, si la dejamos pasar no habrá vuelta atrás. Me atormenta la idea de imaginar que en pocos meses todo vuelva a ser igual. Como si nada hubiera pasado y todas las reflexiones, en lugar de transformarse en nuevas realidades, se esfumen. El hombre no puede ser el culpable de su lenta destrucción, no podemos ser más letales que el propio virus que en estos tiempos nos atormenta. Reflexionemos y actuemos, el futuro y nuestros descendientes nos lo agradecerán eternamente.

______________
Alberto Alfonso
Cofundador Apadrinaunolivo.org

 

2 Comments

  • Jose

    mayo 11, 2020 at 1:40 am

    Ya en mi recta final,me duele no poder hacer algo por salvar este paraíso y en estos días de mucho dolor y lágrimas,de esta soledad y preguntando Adiós Oliete !!? Pero no , a sido volver a animar a toda la juventud qué sois el futuro qué con tesón y criterio propio en los pueblos se hace patria lo cual uniros para que el esfuerzo de nuestros padres no desaparezca.Gracias Alberto por vuestro esfuerzo y vuestra iniciativa hoy brotan estos olivos qué nuestros antepasados tanto esfuerzo les costo mil Gracias…

    Responder
    • Apadrinaunolivo.org

      mayo 14, 2020 at 8:14 am

      Hola Jose, muchas gracias por tu comentario. Nos emociona leer a personas como tú que, al igual que nosotros, quieren ayudar a recuperar la vida en Oliete. Seguiremos trabajando para proteger nuestras raíces. Las de nuestros olivos y nuestros antepasados. Un abrazo

      Responder

Deja un comentario

Bitnami