Hoy os proponemos un viaje en el tiempo para descubrir cómo ha cambiado Oliete. Para ello nos trasladamos al siglo XIX de la mano del ‘Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar‘, más conocido como Diccionario Madoz. Se trata de una obra impulsada por el político Pascual Madoz Ibáñez que, según cuenta, contó para su escritura con la colaboración de más de mil personas entre corresponsales y colaboradores. Fue publicada en Madrid entre 1845 y 1850 en dieciséis volúmenes, y describe con detalle cada uno de los pueblos de la España de la época.
Gracias a él podemos descubrir un Oliete muy distinto al actual… y, al mismo tiempo, sorprendentemente familiar en su esencia. Un pueblo vivo, agrícola, organizado en torno a la tierra y al río Martín, donde los olivos ya formaban parte del paisaje y de la economía.
Un pueblo dinámico y autosuficiente
En torno a 1840, Oliete contaba, según el Diccionario Madoz, con 1.722 habitantes repartidos en 480 casas, la mayoría de ellas «de dos pisos» y «con buena distribución interior». Era un núcleo activo, con escuelas, vida religiosa, administración local y una economía basada casi exclusivamente en la agricultura y la ganadería.
«Oliete tiene tres plazas: la de la Iglesia, la de San Martín y la de San Bartolomé. Sus calles son de anchura regular, empedradas y limpias. Cuenta con casa consistorial y cárcel, dos escuelas de niños y una de niñas. La iglesia parroquial, de segundo ascenso, está bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción y es servida por un cura de concurso y provisión ordinaria. Hay tres ermitas: San Pedro, Virgen del Cantal y el Sepulcro», se detalla en la entrada dedicada a Oliete.
Además, el diccionario indica que el territorio, aunque descrito como pedregoso, era “bastante productivo”. Por aquel entonces en Oliete se producía «trigo, cebada, seda, aceite, judías, panizo y vino», además de contar con ganado lanar y cabrío, y caza de liebres, conejos y perdices.
El río Martín, con su curso constante, permitía, al igual que hoy, regar huertas mediante acequias, configurando un paisaje agrícola diverso y funcional, donde cada recurso se aprovechaba al máximo. Además, también se habla de la existencia de dos fuentes cercanas al pueblo. Asimismo, añade, «cuenta con un cementerio situado en un lugar que no perjudica a la salud pública».
Descripción detallada
En esta entrada del diccionario, Madoz también describe dónde está ubicado Oliete, detallando las lindes: «El término municipal confina al norte con Ariño y Muniesa; al este con Alloza; al sur con Estercuel; y al oeste con Alacón. Dentro de su término se encuentra, a una hora del pueblo, la venta llamada de San Pedro, y a dos horas la masada de Carayá».
Y, por supuesto, también aparecen algunas curiosidades, como que el presupuesto municipal ascendía por aquel entonces «a 16,000 reales, y se cubren con el producto de las fincas de propios y el déficit por reparto vecinal»; o cuestiones relativas a determinados servicios: «El correo se recibe por peatón desde la administración de Alcañiz dos veces por semana».
El olivo: un cultivo identitario
Lo cierto es que el olivo ya tenía por aquel entonces un peso estructural en el territorio. No solo por su adaptación a suelos pobres y secos, sino por su capacidad de perdurar en el tiempo.
Los olivos centenarios de los que hoy disfrutamos en Oliete son testigos silenciosos del paso del tiempo y del esfuerzo de generaciones enteras. El olivo no era solo un cultivo: era una forma de vida. Requería cuidado constante, conocimiento transmitido de padres a hijos y una relación directa con el territorio.
Sin embargo, ese modelo basado en la agricultura familiar comenzó a cambiar con el paso de las décadas. La mecanización del campo, la industrialización y la falta de oportunidades provocaron un éxodo progresivo hacia ciudades como Barcelona o Zaragoza.
Poco a poco, muchas tierras dejaron de cultivarse y miles de olivos quedaron abandonados. Lo que antes era un paisaje productivo y cuidado, se convirtió poco a poco en un mosaico de parcelas olvidadas, donde los olivos resistían en silencio.
El presente: recuperar lo que nunca debió perderse
Apadrinaunolivo.org nació en 2014 con un propósito claro: devolver a la vida un legado único formado por 100.000 olivos abandonados. No obstante, es importante comprender que recuperar olivos no es solo una acción agrícola, implica reconectar con una historia que viene de lejos, con un modelo de vida que durante siglos sostuvo a pueblos como Oliete.
Además, es también una forma de responder a uno de los grandes retos actuales: la despoblación, gracias al apoyo de personas comprometidas que se vinculan a un árbol, garantizando sus cuidados.
Un hilo que une pasado y futuro
El texto de Madoz nos deja una imagen clara: Oliete fue un pueblo vivo, profundamente ligado a la tierra, donde el olivo era uno de sus pilares. Hoy, esos mismos olivos siguen en pie. Han resistido al abandono, al paso del tiempo y al silencio de los campos vacíos.
Y ahora, gracias a Apadrinaunolivo.org y al compromiso de nuestras madrinas y padrinos, vuelven a latir: generando vida, empleo y futuro en el territorio.






